16 DE AGOSTO DE 2017 |

Dos caballitos de batalla dominaron la campaña de Donald J. Trump. El de mayor impacto mundial fue su anunciada ofensiva contra los inmigrantes indocumentados, más de once millones de personas en riesgo de ser deportadas. El otro fue combatir a la clase política tradicional que representaba Hillary Clinton, el “establishment de Washington”. Si conectamos ambos, hallaremos una clave de lo que viene en Estados Unidos.

Hubo mucho efectismo en las promesas de Trump: levantar un muro en la frontera con México, cortar las importaciones desde China o abandonar la OTAN. El sistema institucional norteamericano impide que un presidente se siente a gobernar por decreto. La Casa Blanca comparte el poder real con el Congreso y la Corte Suprema. Eso no cambiará en los cuatro años que vienen. El “outsider” que llega para barrer a la “clase política” dependerá de ella.

Ya le pasó Barack Obama, que llegaba para renovar Washington tras la crisis. Sin apoyo republicano en el Congreso, decretó una amnistía para los indocumentados pero varios tribunales la congelaron. La Corte, último recurso, quedó empatada 4-4 entre conservadores y progresistas al fallecer el juez ultraortodoxo Antonin Scalia. Como el Senado rechazó el candidato moderado de Obama para cubrir la vacante, todo quedó en la nada.

Trump no tendrá ese problema. Los republicanos dominan el Congreso y designarán una Corte de mayoría conservadora. Las medidas de la nueva administración tendrán consenso político y legitimidad jurídica, aunque una mayoría social las rechace en las calles. Detrás del “outsider” Trump hay un liderazgo decidido a retrotraer al país a otras épocas.

El trumpismo nunca necesitó programa propio: Trump, una figura sin luces académicas ni experiencia en cargos públicos, sólo tradujo con consignas muy simples las ideas de los sectores ultraconservadores que coparon el Partido Republicano. El estilo mediático e  intolerante del “outsider” se verá muy condicionado por esa guardia republicana. Donde no coincidan sus planes, difícilmente le sirva su prepotencia.

En sus primeros días, el presidente Trump podrá revocar por su cuenta la amnistía a los indocumentados y el resto de las “medidas ejecutivas” de Obama: la prohibición de un gran oleoducto, la normalización de las relaciones con Cuba, control sobre armas y disposiciones sobre empleo y educación.

Por Jorge Argüello

Pero es en el eje Casa Blanca-Congreso-Corte Suprema donde se articulará la ejecución de las ideas extremistas que se vienen amasando desde la revolución conservadora iniciada por Barry Goldwater en 1964, reactivada por el Tea Party en los 2000 y recogida por Trump. Los antecedentes personalistas de Silvio Berlusconi o Vladimir Putin no sirven en este caso.

Del Congreso dependerá el grueso de la gestión de Trump: el fin del Obamacare y un nuevo sistema de salud; otro régimen migratorio; renegociar tratados de libre comercio; imponer aranceles a China; congelar la normalización de la relación con Cuba; deshacer los acuerdos con Irán; levantar las sanciones a Rusia por el conflicto con Ucrania; desconocer el Acuerdo sobre Cambio Climático; rebajar impuestos; recortar fondos sociales e introducir nuevas leyes sobre aborto y género, sobre derechos religiosos y electorales. También el ambicioso gran plan de obras públicas con el que pretende dinamizar la economía ya.

Sobran razones para temer a un personaje imprevisible e intolerante como Trump. Tampoco esta resuelta la interna del Partido Republicano que dejó muchos heridos y sectores influyentes que seguirán despreciando al millonario como un oportunista sin principios. Sólo algunos históricos como el ex alcalde Rudolph Giuliani creyeron en él.

Pero, por ahora, como se ve, Dios seguirá atendiendo en el Capitolio. Y las ideas reaccionarias de estos nuevos conservadores de Washington deberían preocupar tanto como las incógnitas que despierta el nuevo ocupante de la Casa Blanca.

El economista Javier González Fraga habló del comportamiento empresario y además dijo que no está de acuerdo con todas las medidas económicas, pero "sí con haberse integrado al mundo, levantado el cepo, arreglado con los holdouts, reconstruido las reservas y haber bajado la inflación". Consideró que la mayoría de las cosas en materia económica se están haciendo bien, señaló que la inflación bajó y dijo que eso no se demuestra con el índice sino con la decisión empresarial de no trasladar la suba en los costos a los precios. Si la inflación bajó por actitud de los empresarios, ¿por qué siguen subiendo los precios?. ¿No será porque lo empresarios argentinos aumentaron sus precios y los consumidores no compran sus productos?.

Por Joe Black

"Lo más importante es lo que están haciendo, no los resultados inmediatos que se ven", dijo este miércoles por la noche el ex titular del Banco Central en diálogo con un canal de cable argentino, cuestionado por el 50% de la población, por considerado, entre otras cosas, como amigo del poder y receptor de los beneficios que ese acercamiento le concede. También señaló que "en teoría económica se discute si entre que se toma una medida pasan 6 o 18 meses para ver las consecuencias".

"Lo que estamos viviendo tiene que ver con lo hecho en los últimos 10 años y también con lo que pasa en el resto del mundo: un Brasil que está en recesión, una Europa que va para atrás, (Por si el ex funcionario no lo sabe, en España, por ejemplo, los precios de los comestibles están más baratos que en la Argentina. Un desayuno costaba en 2007 lo mismo que cuesta ahora) El riesgo del proteccionismo en Estados Unidos, (siempre existió en Estados Unidos el proteccionismo para sus productores, siempre subsidiaron), una región latinoamericana afectada por la demora del crecimiento en China", enumeró.

Y afirmó que en materia económica "no podemos creer que lo que está pasando hoy es consecuencia de lo que se decidió en los últimos tres meses". (En tres meses no, pero en 10 sí)

"Yo soy de los que cree que la inflación ha bajado más y estoy peleando por esto. Creo que está por debajo del 20%.

El economista dijo que "así funciona el mundo. En el mundo no se puede pasar a precios los costos. Cuando no hay inflación es porque no se puede pasar a precios los costos. Si tenés un costo o te baja la rentabilidad o tenés que aumentar la productividad".

Este es un argumento falaz del economista que sólo ve el comportamiento de un sector de la economía, pero no explica por qué en Argentina, no funciona la ley de la oferta y la demanda como en otros países.

Los precios siguen subiendo y van a seguir subiendo, porque los empresarios no están dspuestos a perder ni un sólo centavo de su ganancia, y trasladan permanenetemente los costos a los precios. Baja la inflación porque han bajado las ventas, porque el mercado no se mueve más que a nivel financiero.

El eonomista argentino, no le explica a la gente por qué siguen subiendo los precios. Por qué a la gente no le alcanza el dinero que gana para, siquiera, sobrevivir. ¿Quién o quiénes son los responsables?, si todo funciona tan correctamente como señala este ex funcionario.

Creo que este economista no conoce demasiado el mundo, o le quiere hacer creer a la gente que sí lo conoce.

Sólo voy a aportar un botón de muestra: hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a un empresario textil con más de 30 años en el rubro, como fabricante de jeans e importador de algunos items que en su país no fabrica. Es una empresa familiar. Cuando el precio del dólar estaba a $ 9, la empresa ya lo calculaba a $ 16, y cuando se produjo la devaluación del actual Gobierno, subio sus costos un 40%, pero nunca más lo bajaron. Ni hablar del sector alimentos.

El economista parece desconocer cómo interviene el Estado con los productores en Estados Unidos o en Suiza.

En Argentina se habla mucho del Primer Mundo, pero muchos empresarios no resistirían el ordenamiento legal y las imposiciones tributarias que deben respetar quienes pretenden desarrollar una actividad productiva. Es nucho más fácil hacer dinero en una Argentina sin control y llevárselo afuera, a los paraísos fiscales. Otro artilugio d elos empresarios argentinos, parece ser, pedir que les estaticen la deuda privada. Algo que se observa desde la década de los `90.

En Alemania ya se hablaba hace más de veinte años atrás, que no se podía entender cómo funcionaba la economía argentina, que era algo inexplicable. Pero parece que este economista quiere hacerle creer al público argentino otra cosa.

Al parecer la culpa es de los consumidores que no se comportan como esperan los economistas que diseñan las estrategias y ponen en marcha planes para dirigir sus acciones rumbo al fortalecimiento económico.

Cada vez hay un mayor porcentaje de la población que utiliza tarjetas o cualquier otro método que no implica dinero en efectivo y los bancos y las tecnologías compiten para comprender se ha llegado el fin del dinero en efectivo. Al respecto opinó para Télam Eduardo Righi, director de Servicios Financieros de PayPal América Latina.

Por Eduardo Righi (*)

Se podría decir que el dinero es uno de los inventos más grandes de la humanidad. A pesar de la proliferación de otras formas, particularmente en el último siglo, el pago "en efectivo" tiene ciertas características que no tienen los otros métodos alternativos. Podemos citar algunas: la posibilidad del anonimato, la compensación inmediata y el hecho de que sea aceptado universalmente (en especial si nos referimos al dólar o al euro).

Asimismo, podría utilizarse incluso si el mundo se quedara sin energía eléctrica. No obstante, a pesar de todos estos aspectos maravillosos, según un reciente estudio publicado por The Economist, hay cada vez más economistas que insisten en la teoría de que los billetes llegarán a su fin, incluso por razones de higiene.

Se deben de estar preguntando: "¿por qué tanta importancia?". La mejor respuesta se puede encontrar en un libro llamado la The Curse of Cash (Maldición del Efectivo), de Kenneth Rogoff, publicado recientemente en los Estados Unidos. El autor, profesor de Política Pública en la Universidad de Harvard y ex economista jefe del FMI, explica el lado oscuro del dinero, el cual en el actual escenario tecnológico, todas sus excelentes cualidades no tienen efecto.

Rogoff habla sobre dicho "anonimato" respecto del uso del dinero. "Podría ser algo positivo si no hubieran delincuentes en la faz de la tierra." Pero existen, y por cierto, ¡hay muchos! Y el llamado "dinero contante y sonante" es la mejor manera de financiar actividades que involucran el tráfico, el fraude y el terrorismo.

De acuerdo con el economista, en este preciso momento hay más de US$1,4 billones de billetes en circulación fuera del sistema bancario. Para aquellos que trabajan en el sector financiero, y que ven más y mejores herramientas electrónicas en contra del fraude, la cifra es simplemente pasmosa. Nada puede ser peor  para los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones, dejar su dinero a la buena fe. Sin embargo, sabemos que parte de este monto considerable no está en manos honestas.

Rogoff también sostiene que un mundo sin dinero (en donde la gente compre productos y servicios, pague cuentas, y haga todo tipo de transacción monetaria exclusivamente mediante tarjeta de débito o crédito o sistemas de pagos digitales) haría más efectiva la política monetaria del país.  Además, la seguridad de la operación es una realidad palpable que reduce sustancialmente el costo de cada operación (y ni si quiera lo estoy  comparando con el costo de producir dinero).

Muchos de los que odian la idea del final del dinero consideran que la población no bancarizada es un problema, que incluso los marginaliza aún más. Estamos de acuerdo, pero con los sistemas actuales la gente que tiene un teléfono inteligente también tiene una cuenta virtual, sin necesidad de tener un vínculo con los bancos o entidades financieras, lo cual reduce el problema.

También están los que dicen que las iglesias y las ONG sobreviven gracias a las donaciones, y que en su mayoría son anónimas, incluso porque, según una investigación de IDIS para el Instituto Ayrton Senna (con el respaldo de PayPal), más del 50% de las personas prefieren que sus donaciones estén en el anonimato. En otras palabras: creen que deberían hacer el bien sin necesidad de que nadie los esté mirando. De hecho, ya se puede donar electrónicamente de manera sencilla, segura y anónima. En definitiva, siempre hay maneras de hacer feliz a todo el mundo.

También están los que simplemente disfrutan de tener dinero en su bolsillo, para comprar una goma de mascar o pagar un almuerzo. No hay duda de que esto pareciera ser la excusa de mantener los billetes y monedas en circulación. Ya que no importa dónde está el dinero (en un billetera, en el bolsillo o debajo de las múltiples capas de la tecnología del mundo virtual), éste sigue siendo única y exclusivamente suyo.

(*) Director de Servicios Financieros de PayPal América Latina (empresa de pagos por Internet).

Fuente: Télam

Sabido es que el “sueño (norte) americano” fue forjado a partir de unbrioso realismo económico. Alexander Hamilton (1755-1804) creía vehementemente que la riqueza, la independencia y la seguridad nacional dependían del desarrollo industrial, lo que sólo se lograría protegiendo a las factorías en su etapa de alumbramiento y juventud. En la misma línea, el Presidente Ulysses Grant (1822-1885) les dijo a los ingleses que USA haría lo mismo que UK, se tornaría librecambista sólo cuando alcanzara un nivel de fortaleza que lo eximiera de todo daño eventual que pudiera infringir el libre comercio.

Por Lisandro Cleri (*)

Quienes administraban la economía norteamericana estaban convencidos que la libre competencia provocaría peligrosas caídas de renta que conducirían al caos; el remedio era alentar la concertación (cartelización) oligopólica de los precios. Nace así una expeditiva amalgama entre el Estado, las Corporaciones Empresariales y las Instituciones Financieras que logró, en corto período tiempo (1895-1915) duplicar el PBI norteamericano. Lo que esconden los defensores del neo-liberalismo es que  tamaño crecimiento no fue consecuencia de la libre competencia sino a su inversa; la represión controlada del mercado. De esa forma se sepultaban en la práctica el sueño del mercado perfecto proclamado por Smith, Say y Ricardo...

La “Era Progresista” norteamericana fue estudiada exhaustivamente por el introductor del concepto de “capital financiero”, el vienés líder del Partido Socialdemócrata alemán, Rudolf Hilferding (1877-1941). Hilferding ponía al descubierto que una parte de los ciudadanos lograban ahorrar dinero y que el destino lógico era, vía la intermediación bancaria, aplicarlo a la actividad productiva, pero como todo inversor, a los ahorristas les asustaban las crisis rabiosas, las quiebras masivas de empresas y el crac económico subyacente. Para lograr tranquilidad estaban dispuestos a soportar largos períodos de baja renta para evitar riesgos. Justamente por la vía de la represión de las  fuerzas de mercado se logró pasar de un estado de situación con tribulaciones cortas y traumáticas a períodos soportables de estancamiento prolongado.

El trabajo de Hirferding impulsó a Lenin a llamar “Imperialismo” a la fase superior del capitalismo, e inspirar a muchos teóricos como Bujarín, Rosa Luxemburgo y Kautsky, entre otros, que presuponían que había solo un paso desde un orden dominado por grandes corporaciones asociadas al Estado y el alumbramiento del socialismo.Pero la historia tomó por otro camino y el sistema capitalista logró sostenerse gracias al dominio oligopólico del mercado y el traslado de las pérdidas a los sectores populares. El libre mercado fue falseado no por la intervención del Estado, sino desde adentro por quienes controlan oligopólicamente la oferta. En el mercado moderno donde se enfrentan poderosos oferentes concentrados y debilitados consumidores atomizados sólo es posible encontrar el bien común por la vía de una intrusión virtuosa del Estado.

El desarrollo de nuevas tecnologías es el otro factor trascendente que intervino para dar maleabilidad al sistema capitalista y que es detallado por Nicolai Kondratiev (1832-1938) quien encontró la presencia en la economía de ciclos largos (50 años), con procesos compuestos por dos fases:la primera, que dura aproximadamente 25 años, es impulsada por descubrimientos que provocan expectativas favorables que derivan en una importante inversión de capital, luego sobreviene el estancamiento del que sobreviene una etapa de declinación.

Su estudio y el de sus seguidores reconocen la presencia de las siguientes ondas históricas:

1) Era de la Revolución Industrial (1793-1847), impulsada por la máquina de vapor y el uso del carbón como energía con un  declive que  comienza en el último quinquenio dela década del 10 al agotarse las buenas opciones de inversión.

2) Era del Ferrocarril (1848-1892), ascenso favorecido por el acero y la aplicación de la máquina de vapor al transporte y caída en la década del ´70,cuando USA y Europa entran en una gran depresión.

3) Era de la Electricidad (1893-1939), motorizado por la energía eléctrica, el teléfono, la industria pesada y la producción en masa, el quiebre es provocado por el crack financiero de Wall Street en 1929. 

4) Era del Automóvil (1940-1984), empujada por la automoción impulsada por el petróleo termina con las rupturas provocadas por las sucesivas crisis de los hidrocarburos (1973 y 1975).

5) Era de la computación (1985-2008), impulsado por la informática, las telecomunicaciones, los transistores, la energía nuclear y los materiales sintéticos a la que acompaña un consumismo exacerbado.

Algunos estudiosos reconocen la presencia de una sexta onda que comienza a fines de los años 90 y que no ha terminado de madurar: la Era de Internet, la nube y las aplicaciones que provocarán la pérdida de poder de quienes controlan el hardware y las plataformas de los que transportan datos e imágenes.

En referencia a este punto es preciso traer al relato a la figura de Joseph Schumpeter (1883-1950) que reconoció en la figura del “empresario emprendedor” al artífice de los impulsos que provocaron la ola ascendente, provocando simultáneamente la “destrucción creativa” de los modelos obsoletos e ineficientes..

Pero para entender el conjunto es necesario iluminar el costado caprichosamente oculto del sistema: el comportamiento del “capital financiero”. Si nos asomamos a la ventana de la historia observaremos que en la etapa ascendente las finanzas secundan al sector productivo, pero cuando los efectos de las innovaciones se agotan se refugia en sí misma.

Veamos como funcionó el proceso en la práctica: el inicio del ciclo muestra a la economía convaleciente, plena de conflictos sociales y exceso de capital varado en el costado financiero. El complejo de I+D se mueve rápidamente para desarrollar innovaciones. Si los resultados provocan expectativas favorables el capital fluye para brindar asistencia al sistema productivo iniciando una etapa de prosperidad que suele ir acompañada de alta rentabilidad que se reparte entre el sector productivo y los facilitadores financieros y hasta pueden caer algunas migajas sobre las clases medias y los sectores populares.

Agotado el impulso, comienzan a aparecer signos de sobreproducción que no pueden ser correspondidos con incentivos al consumo por riesgo inflacionario; en ese momento el capital retorna a sus guaridas financieras y eventualmente inicia una espiral especulativa que finalmente termina explotando. La depresión se generaliza, la incertidumbre invade la economía, se ponen en duda los modelos económicos, el sistema monetario y la estabilidad global.

En defensa de la renta de los poderosos, el Estado interviene provocando un ajuste que pagan los trabajadores y las clases medias y populares. Se instrumentan recetas deflexibilización laboral, se recortan los planes sociales, se anulan políticas de inclusión, se eliminan subsidios,se recortan gastos en educación, salud, vivienda y se paraliza toda inversión... No voy a insistir con los detalles porque la  mayoría de los lectores conocen suficientemente el tema.

Paradójicamente, Kondratiev fue fusilado por Stalin por exponer al capitalismo como un sistema complejo,dinámico y capaz de ponerse cualquier disfraz para sostenerse. Y no se equivocó. La historia pasa revista a enormes rapiñas coloniales, control de los canales comerciales, división internacional del trabajo, intercambio desigual, relación desfavorable de los términos del intercambio, dominio tecnológico, proteccionismo de diversa índole (barreras cuantitativas, cualitativas, ambientales,…), desarrollismo, monopolios, corporativismo, neoliberalismo, capitalismo de Estado, subsidios, dumping, populismo, fascismo, Estado de bienestar, salvajismo…, todo en defensa de un sistema controlado por pocos humanos todopoderosos.

Como bien resaltaron Kondratiev y Schumpeter toda tecnología se vuelve obsoleta y el agotamiento de la misma termina en un estancamiento de la economía que perdura hasta el inicio de la onda siguiente. El largo estancamiento que vive el mundo actual es producto de la resistencia al cambio. Las nuevas tecnologías están dadas, pero los poderosos que controlan los sistemas productivo, financiero y político,impiden el desarrollo pleno de las mismas. Para ello utilizan el neoliberalismo, que denuncia la mala praxis populista y en especial los déficits que denuncian como escandalosos. Esto justifica la intervención en aras de la austeridad financiera de la que derivan los recortes de planes y tarifas sociales, aumentos de tasas e impuestos generalizados, despidos masivos de empleados públicos, carencias de recursos para los derechos básicos a la educación, la saluda, la vivienda y el transporte, frenos a las políticas de desarrollo tecnológico, devaluaciones masivas y violentas…

Pero lo cierto es que ningún gobierno conservador y neoliberal, desde Reagan hasta la fecha ha logrado disminuir el déficit fiscal en sus países, pero poco importa porque no es esa la meta perseguida, sino que el real y verdadero objetivo al que apuntan es a la baja sensible y clara del salario real de los trabajadores, único parámetro que otorga vigencia a un orden permitido e ineficiente.

Comprobamos entonces el deterioro de los ingresos de los trabajadores desde USA a Europa, pasando por Asia, África, y América Latina.

(*) Lisandro Cleri es economista y asesor financiero. Fue Director de Operaciones del FGS de ANSES.

NdeR: Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente son compartidas por el medio.

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