24 DE ABRIL DE 2017 |
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Mientras los bloques de extracción peronista de la Cámara de Diputados avanzan en un principio de acuerdo para apurar la sanción de la Ley antidespidos, la diputada nacional por el socialismo, Alicia Ciciliani (*), opinión para Télam sobre la necesidad de que trabajadores y Pymes sean vistos como factores de desarrollo inseparables.

Estamos en un entramado histórico complejo, con actores nuevos y debates viejos. La brecha entre un relato que hizo mucho daño en los argentinos y un "cambio" que repite modelo económico del siglo XX, de manual, puramente liberal, con la economía al servicio del capital, crecer y esperar que derrame no aporta nada nuevo.

Está demostrado que los que más tienen más quieren mientras los de menor poder adquisitivo son cada vez más pobres.

Luego de haber visto tantas crisis, ya tenemos experiencia en esto, ya sabemos de lo que se trata. Nos encontramos en el Congreso, debatiendo una ley para que la crisis no la paguen los trabajadores.

Desde el Gobierno Nacional insisten con "trabajo inútil": no existe trabajo inútil, todo trabajo aporta a la economía, al desarrollo y al consumo que pueden desembolsar esos trabajadores a través de su remuneración. Hay un discurso que termina por acusar al trabajador por su falta de trabajo, cuando no es ñoqui, es inútil, o bien, no está lo suficientemente calificado para acceder al mercado laboral. Pero de manera perversa, tampoco se permite al trabajador acceder a una salud y formación de calidad, lo realmente necesario para que las empresas decidan invertir: salud y educación de calidad.

Hace años que las centrales sindicales no encontraban acuerdos que los unieran; la amenaza de despidos masivos lo logró. Despidos que preocupan a la sociedad pero que el Gobierno Nacional parecen no advertir.

Porque mientras el Presidente de la Nación, sostiene que hay un "incipiente" incremento en los puestos de trabajo, las centrales sindicales y obreras, se unifican para pedir por la ola de despidos que acosa a los trabajadores a lo largo y ancho del país. Así, el debate por el impuesto a las Ganancias pasó a ser un reclamo menor mientras cientos de personas temen quedarse en la calle.

Falta de datos estadísticos e indicadores que permitan cotejar, entre el relato y la realidad, sigue sin cambio.

Vivimos una amenaza clara del veto presidencial a ley de cese de despidos injustificados por seis meses defendida por todo el universo sindical y bloques de la oposición.

De la misma manera que lo hiciera la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, con el vetó del 82% móvil. No queremos costos políticos, queremos beneficios a los sectores mas débiles de nuestra sociedad.

Creo fervientemente que suspender los despidos injustificados por 180 días no conlleva ningún riesgo de cierre de ninguna fuente de trabajo.

También sabemos de la situación que atraviesan las Pymes, que hoy aportan más del 80% de empleo. Por eso es necesario acompañar a las Pymes en esta crisis y contenerlas a través de incentivos, y sobretodo de acceso a Repro en los casos que la situación financiera impida sostener las fuentes de trabajo. Porque las Pymes son dadoras de trabajo y queremos fortalecer ese sector.

Si las Pymes tienen problemas de mercado o de aumento de costos tenemos que encontrar políticas activas que actúen sobre esas variables y no responsabilizar a sus trabajadores por falta de rentabilidad. Errar el diagnostico es caminar al abismo.
Trabajadores y Pymes son inseparables como factores de desarrollo.

(*) Diputada nacional. Presidenta del Bloque Socialista

1 abril, 2016 - Con esa temible frase, Lopez Rega  sentenció la navidad del 74’ con la excusa de una campaña contra los ruidos molestos, pero que incluía las opiniones de disidentes, periodistas, artistas, intelectuales, obreros y dirigentes políticos que osaran denunciar al terrorismo de Estado que se instalaba con la Triple A, como cabecera de playa de lo que vendría a partir del 24 de marzo del 76’.

Cuatro décadas más tarde, el Macrismo utiliza en Democracia, un concepto inspirado en el silencio de los otros. Despido de periodistas en medios públicos y privados, achicamiento de la pauta a los díscolos, presión económica a los dueños que incluye denuncias selectivas y grandes negocios para los amigos que se quedan con la parte del León.

En este marco de cercenar la opinión del otro se inscribe la decisión de Macri de terminar con la participación Argentina en Telesur y el consecuente apartamiento de la grilla televisiva. Aquí se juega algo más que sacar a un canal del cable o de la T.D.A., sino que lo se está jugando es la construcción de sentido en la democracia, de manera plural o con una única versión de la historia.

La excusa siempre es económica: se gastaba mucho. Pero en realidad es una decisión profundamente política, como la de vaciar el programa nuclear, privatizar el gerenciamiento de Arsat y volver al disciplinamiento social por la vía de los despidos masivos y la recesión.

Si la comunicación es un derecho humano básico, entonces se necesitan legislaciones y gobiernos proactivos que garanticen la pluralidad y la diversidad de voces circulando. Si en cambio, la comunicación es un bien de mercado, son los dueños de los medios concentrados los que deciden que se ve, que se dice y en qué sentido se informa. Porque no existe la libre competencia y la multiplicidad de oferta y demanda. Lo que existe es una oferta informativa concentrada, con una única mirada dominada por los consorcios económicos  conformados por los bancos, las petroleras, los traficantes de armas los buitres y los lavadores de activos. Son ellos los que nos van a decir quienes tienen “armas de destrucción masiva” y que en nombre de la democracia hay que destituir a sus gobernantes.

Telesur representa una mirada Latinoamericana a los problemas mundiales. Tamaña osadía, opinar desde otro punto de vista, se hace intolerable para aquellos que pretenden sustituir el voto popular por la opinión de los editorialistas de las grandes cadenas de medios.

No es casualidad, entonces, que los grandes grupos informativos latinoamericanos, asociados con las cadenas estadounidenses hayan decidido hace años emprender la oposición a las democracias populares surgidas desde 1999 como respuesta a la debacle neoliberal, que convirtió a esta parte del mundo en la más desigual del planeta.

Las acusaciones contra Dilma y Lula en nada se diferencias de las acusaciones contra Chávez y Maduro, Néstor y Cristina o Evo y Correa. Pretenden presentar a estos gobiernos que transformaron sus naciones redistribuyendo la riqueza y generando condiciones de dignidad para millones de personas, en una banda de forajidos que vino a asaltar al Estado.

No aparece en la tapa de los diarios el ajuste salvaje, la inflación descontrolada provocada por la devaluación y la suba de tarifas, ni la ola de despidos con el desmantelamiento del Estado. Sí se habla de sinceramiento de tarifas y tipo de cambio, limpieza de ñoquis y herencia recibida. Claro, sólo una mirada sobre los mismos hechos, sin la posibilidad de contrastar puntos de vista diferentes con la realidad.

Dentro de algunos meses, esos mismos editorialistas van a negar que en los 12 años anteriores se haya legitimado una Corte transparente, se hayan creado 7 millones de puestos de trabajo, construido 500 mil viviendas o jubilado más de 3 millones de personas. Intentarán borrar esos hechos de los archivos digitales, pero no podrán hacerlo de la memoria colectiva y es allí donde se vuelven a equivocar.

La batalla cultural a veces se gana, otras se pierde, pero nunca se abandona.

Como dijo Manuel Vázquez Montalbán, “No hay verdades únicas, ni luchas finales, pero aún es posible orientarnos mediante las verdades posibles contra las no verdades evidentes y luchar contra ellas. Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla. Pero es imposible contemplar el Mal y no reconocerlo”.

* Presidente de Forja

El ex vicepresidente de la UCR Capital, Marcelo Montero, sostuvo que “el gobierno de Mauricio Macri nos lleva a una fragmentación social terrible. Está generando una sociedad con una brecha enorme entre pocos que tendrán mucho, y muchos que tendrán poco y nada. Es perverso todo lo que hace”.
Montero, referente de Radicales para la Victoria – Radicales del Pueblo, dijo que “hay violencia política y lo vimos en Mar del Plata que atacaron a escopetazos a un local del FpV y también en Villa Crespo en donde además dejaron a dos chicas heridas por ataque a balazos. Por suerte los heridos están recuperándose”.

“Que la ministra de Seguridad salga de su silla y se dedique a garantizar la libertad de pensamiento y expresión a todos los espacios. Este gobierno habla mucho de reforma política y lo único que alimenta con su inacción es la violencia contra los que no pensamos como ellos”, dijo.

Montero, un radical enrolado con el diputado Julio de Vido, agregó: “hay fragmentación social porque el plan conservador del macrismo impactará con los sectores de menores recursos llevándolos a la pobreza. Lo está demostrando con los violentos tarifazos, con los despidos y con la desindustrialización”.

“La decisión de cerrar el problema de la deuda con los holdouts es una condición clave para construir la confianza que queremos generar. Si somos confiables y establecemos relaciones inteligentes y maduras con otros países, vamos a conseguir que inviertan en nuestro país. Más confianza es más inversión”. No, no es Domingo Cavallo el que habla aunque parezca, es Mauricio Macri veinte años después. Como si en nuestro país nada hubiera sucedido por el endeudamiento externo a que nos llevó el menemismo.

Para muestra de lo falaz de aquel argumento esgrimido por el actual presidente, basta leer lo que decía aquel ministro de economía el 4 de abril del 2001, en reportaje periodístico. Preguntado Cavallo  respecto de si con la deuda argentina de ese momento, elevada para cualquier estándar -y que fundamentalmente él había generado con el argumento de que creaba “un clima muy bueno para nuevas inversiones”-, había algún riesgo de cesación de pagos, respondía tajante: “No habrá cesación de pagos”.

Apenas unos meses después, Rodríguez Saá declaraba el default de la deuda externa argentina por imposibilidad de pagarla, en el medio de una catástrofe económica.

Como cada vez que, en los últimos 40 años, sube un gobierno de derecha vinculado con multinacionales y grandes bancos extranjeros diversos, el argumento usado para pagar lo que no se debe y endeudar el país (a altas tasas además) es que generando “confianza” en el exterior vendrán grandes inversiones. Las que supuestamente pondrán a nuestro país en la senda del crecimiento y la felicidad.

Siempre fue falso e interesado el argumento. Las deudas contraídas y los pagos posteriores fueron para ganancia neta del poder financiero y las grandes empresas extrajeras. También una pesada losa sobre nuestra nación y todos nosotros.

No es cierto que hay que abonarles a los fondos usureros, lo que ahora se les quiere pagar para conseguir préstamos; o que la nueva deuda nos sacará de la crisis. Es falso esto. Solo tendremos una nueva y costosa hipoteca, que impactará mas temprano que tarde sobre nuestra economía. Entre otras cosas, porque el dinero que se pedirá prestado, a un interés superior al 7%, será para pagar deuda (a los buitres) y el resto para cubrir los gastos corrientes del Estado, no para inversiones.

Por lo demás, como dice Aldo Ferrer: “La suposición que solo después del arreglo con los buitres, van a llegar las inversiones, es una ficción. Ningún inversor, argentino o extranjero, que tenga un buen proyecto, deja de realizarlo por el conflicto con los buitres”.

En segundo lugar, porque se puede salir paulatinamente de la actual situación en que nos dejó el kirchnerismo: peso sobre valuado, inflación alta, estancamiento económico y déficit fiscal, recurriendo a nuestros propios recursos. Solo que en lugar de trasladar estos recursos económicos en enorme cantidad a los sectores mas concentrados, como viene haciendo el gobierno nacional (devaluación sin controlar a los formadores de precios luego, quita de retenciones al agro y a la minería, aumentos de tarifas, altas tasas de interés, etc), se debe utilizar una parte importante de esos recursos, que son cuantiosos, para inversión productiva. Así saldremos adelante por nuestra propia cuenta.

Como también dice Aldo Ferrer: “En la Argentina no tenemos que pasar la gorra, porque la plata está, el problema es que no se nos escape ese dinero“. O vaya a parar a unos pocos bolsillos agregaríamos nosotros.

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