23 DE JUNIO DE 2017 |

Opinión: ¿Quién ganó? ¿Quién perdió?

Martes, 24 Noviembre 2015 13:02

En una primera lectura, ganamos todos; ya que la democracia consolida a la democracia. Este año electoral, esta importante elección -de elegir nada más y nada menos que al Presidente de los argentinos-, nos hace sentir a todos orgullosos por lo que supimos consolidar y ganar, concretamente, la “política” como centro de decisión de la realidad.

Por Dante Gullo (Referente histórico del peronismo y diputado de la Ciudad de Buenos Aires, Vicepresidente 2° de la Legislatura porteña)

La democracia no se negocia

En una segunda lectura está la “alternancia”, que significa que de la misma somos responsables todos, los que nos vamos (del gobierno, no de la política y mucho menos de la militancia) porque no pusimos palos en la rueda. Hubo total disposición para que todos hablaran y actuaran con total y absoluta libertad. No hubo el famoso “fraude”, no hubo las también famosas “trampas”, no hubo violencia de ningún tipo. Y los que llegan -más allá de las diferencias de todo tipo que tenemos (me refiero a utopías, ideales y, fundamentalmente, la defensa y el amor al pueblo y a los trabajadores)-, tienen que asimilar nuestra actitud por hacer de la democracia una moneda que no se negocia. Tras 12 años de gobernabilidad, el peronismo deja el gobierno sin temores ni culpas, satisfechos por lo mucho realizado, por la época ganada, enteros, seguros, pero además reafirmando nuestro compromiso con la política, la historia, la cultura, lo social y la militancia.

Cristina se va por la Puerta Grande

En una tercera lectura, y como forma de expresar parte de lo anterior, es la primera vez en la historia que un presidente, en este caso una Presidenta como Cristina, después de 12 años de gobierno ininterrumpidos, se va por la “Puerta Grande”. Con una alta imagen positiva y además con un reconocimiento internacional que hace que ambas cosas signifiquen una alta referencia “con poder” vigente, pero además en el devenir siempre latente. Desde el advenimiento de la Democracia, lo aseverado no es comparable a las otras experiencias presidenciales, ya que tanto Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de La Rúa y Eduardo Duhalde, con matices, se fueron debilitados, o se fueron antes o se fueron muy mal. En el caso de la historia reciente de la Argentina solo hay un caso atípico y a destacar: el del General Perón, que fue derrocado por un golpe militar, pero su imagen, la adhesión y el reconocimiento del pueblo en continuo aumento obligan a que se den las condiciones para su retorno y su nueva presidencia. Su deceso y la interrupción de su tercer mandato no lesionan -muy por el contrario-, que siga siendo la figura más prominente de la Argentina.

No caer en falsos exitismos ni creer que vale todo

La presidenta Cristina es mucho más que esta instancia electoral, le pese a quien le pese. Además de irse muy bien hay que destacar que también entró muy bien en el 2011, en la primera vuelta se alzo con un 54% de los votos dejando al que entró segundo con apenas el 16% de las intenciones. Hoy nos encontramos que en la segunda vuelta, en el balotaje, la alianza de Macri saca el 51% de los votos y el peronismo cierra con el 49%. Sin desconocer -muy por el contrario, aceptando el triunfo de Macri sobre nuestro candidato Daniel Scioli-, la nueva Unión ganadora tiene que tomar con mucha cautela esta situación planteada y reflexionar con mucha seriedad e inteligencia, y no caer -más allá del triunfo- en falsos exitismos y creer que entramos en una etapa donde vale todo. Pues generaría, ahora sí, una división muy tajante en el país y en el seno de la sociedad. Ganan bien, pero con lo justo, y con un universo de votantes donde no todos son iguales. Una totalidad importante de esos votos son peronistas (Bs. As., Córdoba, San Luis, Entre Ríos, La Rioja, entre otros ejemplos); y otra cantidad de compatriotas que esperan que el “cambio” los beneficie y no que los tengan de rehenes de políticas reaccionarias o a la zaga de las grandes corporaciones y los capitales concentrados, así como de la sumisión a lo extranjero.

Votan un cambio que significa un retroceso

Una cuarta lectura nos permite observar que en determinadas coyunturas nuestra sociedad está dividida y el casi empate electoral del 22 hace que se analicen estas conformaciones. En el caso de la unidad que triunfó el 22, un importante sector de la misma puede estar en posiciones electorales encontradas, es decir, hay una gran contradicción entre el comportamiento sectorial y el electoral. Y esto es volátil y como un péndulo puede pasar de un estado de ánimo a otro. En el caso del Frente, si analizamos los resultados del 2011 con respecto al 25 de octubre en la primera vuelta, hay diferencias de comportamientos y causas múltiples que deben ser trabajadas. Ese sector social y su comportamiento también responde a que en ciertos momentos y más allá de la situación económica, reaccionan ante lo que se da como crisis de crecimiento (subieron en lo económico, en lo social, en fin, en su calidad de vida, pero de la mano del quiero más -que es atendible-, a pesar del poco tiempo trascurrido entre como estaban hace doce años y el actual momento, votan un “cambio” que les va a significar un retroceso). Esto fue un nuevo empate histórico en la Argentina que para el estudio nos muestra ejemplos varios: a diferencia de otras instancias históricas, en esta oportunidad y desde la Ley Sáenz Peña, es la primera oportunidad donde las posturas conservadoras y las elites ganan reconocidas en las urnas. También, por lo tanto, es la primera vez que un proyecto nacional y popular es derrotado en ese terreno. Esta vez sin bombas como en el 55 y, mucho menos, con el genocidio como en el 76. La fuerza que fue vencida en las urnas controla y ganó en la mayoría de las provincias, pierde el Gobierno pero goza de mucho margen de maniobra y tiene capacidad de “poder”. El peronismo sigue siendo un factótum histórico -con muchas presencias–, y todo el tiempo para generar alternativas y preparase para ser alternancia en el futuro.

No pueden pensar en restituir el país conservador

Una quinta lectura determina que el gobierno que se va deja un paradigma de gestión, logros y profundas transformaciones, que incluyó a los más amplios sectores, es decir, a la casi totalidad de la nación. La alianza triunfante tiene que gestionar ahora la nación, la provincia de Buenos Aires y tienen que explicar cuáles van a ser los cambios y, de hecho, la gobernabilidad para todos. Está superada la Argentina donde se privilegiaba a una minoría sobre la suerte de las demás. Los que vienen no pueden pensar en restituir el país conservador o formas capitalistas perimidas o la aplicación de economías neoliberales, tienen que demostrarle al pueblo, a la sociedad toda, que no va a haber revanchismos, odios ni se van a conculcar los derechos y garantías adquiridas. Y nosotros tenemos que tener la convicción de defender en forma permanente la democracia y generar las condiciones que mantengan en permanente aggiornamiento a nuestra fuerza política, a todas las estructuras, espacios, ramas y nuevas experiencias que conforman el movimiento peronista. Tenemos que entrar a un momento donde la participación y protagonismo de todos los hombres y mujeres del movimiento se den en igualdad de condiciones. Replantear todo lo que haya que replantear. Las experiencias habidas y vividas son muchas (tan solo un ejemplo: la derrota electoral ante el radicalismo en el 83), nos dan elementos múltiples para repensar la gran responsabilidad de la hora.

El peronismo tiene que ser amplio

Hicimos de todo y para todos, por lo tanto, con humildad y ganas de ir por más, el proceso del peronismo tiene que ser amplio, abierto y, además, con objetivos en el corto, mediano y largo plazo. Perdimos una elección pero el proyecto está intacto, forma parte de la conciencia colectiva, por eso nuestra identidad no es un momento, es una práctica permanente que tiene como único objetivo la unidad y la organización del pueblo, generar todos los canales de participación y protagonismo a los trabajadores, a las mujeres, a los sectores medios, a la pequeña y mediana empresa, a las conciencias que industrializan y ven un estado presente y, fundamentalmente, a la juventud, que es el motor del presente pero es la responsabilidad de futuro, de hacer de la historia del peronismo, de Perón y de Evita, de estos doce años, de Néstor y de Cristina, la continuidad de una patria liberada.

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