28 DE ABRIL DE 2017 |
Política

Empresarios, funcionarios y pobladores de las zonas inundadas postergaron el debate sobre las consecuencias del modelo agroexportador actual. Los sojales desplazaron chacras y tambos que con molinos y bombas extraían grandes cantidades de agua. Las enormes maquinarias compactan el suelo y los pesticidas matan la microvida: no quedaron ni los túneles de las lombrices. Así, el agua ya no penetra, circula hasta acumularse y las inundaciones castigan a los pueblos mucho más que a los lotes agrícolas. Jorge Rulli, miembro del Grupo de Reflexión Rural, traza un mapa del modelo de producción y propone modificar los modos en los que se utiliza el suelo.

Por Jorge Rulli

La siembra directa fue concebida como una agricultura natural, ecológica, con abundantes rotaciones y con sumo respeto por la vida del suelo. Se implementaba con máquinas simples y livianas. Hasta que el mercado pidió más productividad y una escala mayor: la maquinaria mutó en enormes sembradoras, enormes tractores, enormes mosquitos pulverizadores, cuyas toneladas de peso, dejan necesariamente el terreno compactado. Al no labrar el suelo, el agua de lluvia tiene más dificultades para penetrar. La demanda en aumento de porotos de soja y su precio sostenido durante una década dejó de lado las rotaciones con otros cultivos, que posibilitaban, luego de la cosecha, abandonar sobre los suelos materia orgánica o barbecho para reponerlos. Hay más: se pulveriza glifosato y otros agroquímicos de modo masivo para eliminar malezas perennes y así, año tras año, se fue afectando sensiblemente la microvida del suelo, que facilita la reposición de los nutrientes, así como el laboreo que realizan las lombrices, hoy ya en muchos campos inexistentes. En conclusión, el terreno está desnudo, el agua corre y no penetra en el subsuelo.

El proceso de globalización le impuso a la Argentina en los años ‘90 un modelo de país productor de transgénicos y exportador de forrajes. Las consecuencias de la implantación de ese modelo extractivo y de producción masiva de comodities a lo largo de los años, fueron inmensos territorios vaciados de sus  poblaciones rurales, cientos de pueblos en estado de extinción, cuatrocientos mil pequeños productores arruinados, entre ellos el cierre definitivo de millares de tambos, y muchísimos chacareros endeudados debido a la incorporación de nuevos paquetes tecnológicos con dependencia a insumos, semillas genéticamente modificadas,  herbicidas de Monsanto y maquinarias de siembra directa. El mercado impuso sus reglas: la principal fue la necesidad creciente de disminuir costos para competir. Los fondos de inversión que expropiaron los aportes jubilatorios de los argentinos y los fondos fiduciarios generados por algunas empresas para supuestamente democratizar la agricultura, aportaron los recursos financieros para la implementación de los nuevos monocultivos de sojaRoundup Ready (RR, que resiste al herbicida glisfosato) en una escala gigantesca. La vieja oligarquía pastoril desapareció en medio de la mayor transferencia histórica de tierras desde la campaña al desierto, para dar lugar en su mismo nicho histórico a una nueva clase empresarial y plutocrática, no ya patricia como la Sociedad Rural Argentina, sino de recientes orígenes inmigratorios. La concentración de campos y la expulsión de poblaciones sintetizaron el modelo neocolonial impuesto por el proceso globalizador.

Los emigrados del campo conformaron nuevos e  inmensos cinturones de pobreza urbana, y descubrieron en la ciudad el festival de las importaciones y el consumo, en simultáneo con el creciente desempleo producido por el cierre masivo de las empresas industriales. Un vasto plan de asistencialismo y de  empleos de inferior calidad, subsidiados por el Banco Mundial y cargados a la creciente deuda externa, la distribución de raciones alimentarias y un tejido férreo de control en las barriadas, contuvieron por años la creciente pobreza. Lo paradójico de esta situación de insurgencia que vivía la Argentina a principios del milenio fue que muchas de las luchas sociales localizadas, tales como los asentamientos y luchas por el derecho a la vivienda, en la  medida que confrontaban con situaciones abusivas de injusticia y no se proponían otro modelo de país ni regresar a los lugares de origen, devinieron funcionales al sistema de agricultura a escala y control del territorio por los grandes pooles, vinculados a los exportadores y mediante ellos, a los mercados globales. El predominio de visiones urbanas sin arraigos culturales y a la vez, reverenciales de tecnologías y de modelos que rinden culto del progreso, colaboraron de manera eficaz, en mantener invisible el rol que nos fuera asignado de  país exportador de comodities, con una agricultura sin agricultores, subsidiada por corporaciones como Monsanto para la producción masiva de transgénicos. Esas visiones urbanas impidieron prever las consecuencias necesarias e inevitables del festival de cultivos transgénicos que podría estar llegando actualmente a los treinta millones de hectáreas. 

El modelo del agro negocio sojero desplazó miles de chacras y, en particular, desplazó tambos. Cada tambo contaba con varios molinos y/o bombas para riego o bebederos, que diariamente extraían grandes cantidades de agua, abatiendo las capas de agua a sus niveles tradicionales de 30 a 60 metros de profundidad. Esos espacios tamberos fueron reemplazados por siembra directa. Reconozcamos que no faltaron avisos que anunciaban la situación que hoy nos  preocupa.  En el congreso de los Consorcios Rurales de Experimentación Agricola (CREA) de 2014, en una exposición denominada “Del mito de la sustentabilidad a la realidad del compromiso ambiental”, se dijo lo siguiente: “Una visión estática de la naturaleza generó el ‘principio precautorio’ que reclama conocer las consecuencias de nuevas intervenciones agrícolas antes de implementarlas. Ante ese desafío se generaron en el sector productivo metodologías de ‘buenas prácticas’ orientadas a una supuesta sustentabilidad. Pero es difícil definir cómo deberían ser esas prácticas a priori. Cambia el ambiente y lo que sabemos de él; cambian las tecnologías y las opciones, y la mejor práctica hoy puede ser mala mañana”.  Esta presentación estuvo a cargo de Esteban G. Jobbágy, investigador del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Matemática Aplicada de San Luis (Conicet-UNSL), durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se estaba desarrollando en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea. “Los efectos del desmonte sobre la materia orgánica del suelo y el stock de carbono, sobre las napas freáticas o las poblaciones de grandes mamíferos nativos, requieren observaciones y observadores distintos y deben en todos los casos y etapas sumar aportes del sistema de ciencia y tecnología”, añadió. Jobbágy dijo en ese momento algo por lo demás evidente y de sentido común: que era improbable anticipar todas las consecuencias hidrológicas que el reemplazo de pasturas y montes por agricultura tendría en nuestras llanuras.

“Hemos generado excesos hídricos sostenidos y lo que en un principio se atribuyó exclusivamente a las fluctuaciones climáticas, hoy aparece también vinculado a los cambios en el uso del territorio: ascensos freáticos de diez metros en Marcos Juárez (Córdoba) desde los años ’70, con lotes que se inundan por primera vez en la historia; napas que salvan la producción en años secos pero que ponen en jaque siembras y cosechas en años más húmedos; sales que aparecen en la superficie cuando menos lo esperamos”, comentó.

“Hay que aprender sobre la marcha. Para eso es necesario integrar a expertos y observadores locales, plantear problemas actuales e hipotéticos y avanzar gradualmente con el cambio reservando zonas de control, además de medir las variables consideradas más sensibles, hacer transparente la información y su interpretación, debatir y negociar” Jobbágy señaló también que “la agricultura, como todas las actividades humanas de gran escala, es insustentable. La historia desde la revolución industrial hasta hoy ha mostrado repetidamente que lo único sustentable es el progreso. Aparecen nuevos problemas, generamos nuevas soluciones. Y esas soluciones traen nuevos problemas”, comentó.

Consideremos que no estamos leyendo a un contestatario o a un ecologista, sino a un profesional que se preocupa por mejorar la capacidad del proceso productivo por mantener sus estándares. La idea de que cada solución tecnológica entraña nuevos problemas y la necesidad, a su vez, de generar nuevas soluciones tecnológicas, es un criterio típicamente empresarial, que no tiene en cuenta los ecosistemas naturales y que sólo privilegia la ganancias mediante la continuidad del consumo y la producción de nuevos artilugios y de nuevos tóxicos.  El uso de agrotóxicos en los sojales condujo, por ejemplo, a la insólita situación de que los conocidos bichos bolitas se convirtieran en plaga. Estos insectos se alimentaban de materia muerta que fue desaparciendo por la ausencia de suficientes procesos de humificación; y entonces comenzaron a comer cultivos. Así, se crearon cócteles de venenos específicos para eliminarlos.  En ese mismo congreso, Jobbágy indicó acertadamente que la contaminación por sobre-fertilización, que encabeza la lista de preocupaciones en otras grandes regiones productoras, no es prioritaria en la Argentina. Pero sí lo es la pérdida de hábitats naturales y de recursos hídricos. “Desde lo global un concepto que se ha popularizado para expresar la preocupación por la agricultura y la disponibilidad de agua es la huella hídrica ¿Cuánta agua de lluvia o de riego hemos utilizado para obtener una unidad de producto? Pero el agua no tiene el mismo valor en todas partes ¿Vale lo mismo el agua que permitió producir un litro de leche usando alfalfa regada en Mendoza o maíz picado y pasturas de secano en la cuenca del Salado? La importación ciega de indicadores envasados como la huella hídrica representa un obstáculo en el abordaje del problema producción-ambiente”, dijo.

“De hecho, en una enorme parte de nuestras llanuras el uso conservador del agua que hace la agricultura nos causa problemas más serios: niveles freáticos más elevados, menor capacidad de albergar excesos de lluvia y, por lo tanto, anegamientos e inundaciones más frecuentes en la región pampeana o ascenso de sales en la región chaqueña son algunos de estos problemas. No necesitamos ahorrar agua de lluvia en estas llanuras: necesitamos usar las lluvias tan exhaustivamente como la hacían las pasturas o los bosques que reemplazamos con cultivos anuales. Y aquí empiezan a surgir varias tensiones: las inundaciones castigan a los pueblos mucho más que a los lotes agrícolas. Los tambos son el sistema productivo que generan menores excesos, pero uno de los que más caro paga la inundación. Lleva tiempo y esfuerzo entender estos problemas hidrológicos que no conocen fronteras entre disciplinas”, explicó.

Jobbágy señalo también que,en lo que respecta a la protección de ecosistemas naturales (aspecto regulado por la “Ley de Bosques” Nº 26.331) es necesario buscar acuerdos en un marco que permita distinguir las situaciones de ganar-ganar, perder-perder o ganar-perder en cuanto a ambiente y producción. “La quema de más del 95% de la biomasa desmontada en cordones es un claro ejemplo de perder-perder: deterioramos el suelo y desperdiciamos un recurso valioso. Salir de esa práctica requiere pocas innovaciones y acuerdos”, argumentó el investigador. “Encontramos un claro ganar-ganar en la intensificación verde: aumento del doble cultivo, uso de cultivos de cobertura, ciclos más largos, aplicados en épocas de excesos o napas elevadas en las llanuras. Bajamos el riesgo de anegamiento y aumentamos la producción”, añadió. “Los sistemas que alternan cultivos tardíos de soja y maíz han mostrado enormes virtudes productivas y han permitido afianzar empresas agrícolas sobre ambientes que antes se consideraban hídricamente marginales. Una de las claves de la secuencia es que usa conservadoramente el agua evitando estrés y riesgo productivo. Pero, como contraparte, aumenta el incentivo de desmonte en una gran fracción de los bosques del Chaco y el Espinal que antes tenían poco atractivo agrícola. Y además esa secuencia genera mayor drenaje profundo y ascenso freático, incrementando el riesgo de salinización en las tierras que anteriormente fueron ocupadas por bosque”, explicó refiriendo a la llamada extensión de la frontera agrícola, que tantas devastaciones de bosque nativo y conflictos con los pequeños pastores y campesinos ha provocado a lo largo de los últimos años.

“El compromiso ambiental del sector agropecuario está listo para ir más allá de la sustentabilidad y enfrentar el desafío del cambio. Podemos esperar a que lleguen las demandas ambientales y afrontarlas una por una con acciones puntuales y efectos de imagen. O podemos liderar el debate territorial de la próxima década ofreciendo lo que mejor sabemos hacer, que es gestionar creativamente las fuerzas de la naturaleza”, concluyó con cierto optimismo.

Evidentemente los acontecimientos provocados por las desmedidas ganancias de estos años y la imprevisibilidad de sus consecuencias inevitables, han superado por lejos a esta dirigencia empresarial tanto como a los funcionarios del sector. Podríamos hacer extensivo este juicio a buena parte de la población refugiada en las ciudades que ahora, también, sufren las inundaciones. Que se discuta si los responsables están o no están presentes en los lugares de la catástrofe nos parece absolutamente pueril, tanto como discutir sobre subvenciones a los damnificados. Se trata, en cambio, de modificar de modo radical y de una vez por todas los procesos irracionales y de abuso del suelo que condujeron a esta catástrofe; se trata de comprender los procesos de preservación y de recuperación de los ecosistemas agrícolas; y se trata asimismo, de leer detenidamente la Encíclica Laudato  Sí, para extraer sus enseñanzas a la vez que aprovechar el enorme caudal de energía que nos proporciona, si deseamos afrontar el desafío de que estas situaciones no vuelvan a repetirse y que en vez de aportar a los “cambios climáticos” seamos capaces de aportar a la preservación de la vida en el planeta tal como nos lo pide el Papa Francisco.

En medio de la catástrofe provocada por las  lluvias y por una agricultura guiada por los mercados estamos convencidos que pueden nacer esperanzas nuevas y nuevos debates que tienen relación con la recuperación de una conciencia ambiental, tanto como con los modos de asumir la participación ciudadana. Nuestra emergencia desesperada a más de veinte años de aprobadas las primeras sojas transgénicas sigue siendo una frontera de la globalización y también de las tensiones con la mayor multinacional de las semillas, cuyas últimas amenazas fueron las de cobrar por su propia cuenta regalías en los puertos sobre su soja intacta, en asistencia con las empresa exportadoras. Recordemos que la Argentina aportó en la posguerra a solucionar el hambre del mundo y de Europa particularmente, gracias a sus producciones sustentables y ahora, por el contrario, luego de muchos años de cosechas récord de transgénicos, queda expuesta nuestra pobre calidad de vida, millones de hectáreas inundadas o al borde de la desertización y una economía de exportación cada vez más frágil y basada en los caprichos de los mercados internacionales.

Fuente: Revista Anfibia (UNSAM)

El plan de ajuste de Macri en YPF pone en jaque a la comarca petrolera Rincón de los Sauces.

Escribe Guillermo Avalos (*)

Esta ciudad de más de 40 mil habitantes está enclavada al norte de la Provincia del Neuquén en el límite con Mendoza. Alberga en su región a dos de los más importantes yacimientos de la Argentina; Puesto Hernández, la estrella de YPF a principios de los '90 y el Trapial operado por Chevron desde la década del 2000 que llegó a producir 10.000 m3 día. Ambos en su momento fueron los más importantes en producción de petróleo.

La producción petrolera explica la explosión demográfica, Rincón fue la ciudad qué más creció en Argentina en los últimos 30 años. Paso de 3000 habitantes en el '90 a 15000 en el 2000 y 36000 en el 2010 (según censos oficiales).

Sin lugar a dudas la actividad petrolera es el motor de la localidad. Pero también es una parte vital para la Provincia ya que por los niveles de producción hace importantes aportes en regalías que alcanzan casi el 50% del presupuesto provincial.

Por otro lado, debido a su infraestructura y la cantidad de bases de empresas de servicios, asiste a una zona de gran influencia de más de 100 km a la redonda.
Los telegramas de despidos que llegaron los últimos días pusieron en alerta a la población del norte neuquino. Esta vez, las amenazas llegan desde la operadora de bandera nacional, al menos en el 51% de sus acciones.

Ahora bien, ¿cuál es la razón del achique en la principal operadora de la provincia? Según fuentes especializadas en el tema, “solo obedece a que las operadoras pretenden mas márgenes de ganancias, aún cuando en argentina se paga el petróleo un 35% más que el precio internacional” y agregan, “en este negocio, ninguna operadora pierde”

Los ciudadanos saben bien que este no es solo un problema gremial ni sectorial, es un problema de todo el pueblo y más aún, de toda la provincia.
Cada puesto de trabajo que se pierde impacta negativamente en la economía regional, en las pymes que asisten al rubro petrolero, talleres metalúrgicos y mecánicos, empresas de catering, servicios domésticos, pero también afectan al comercio en general, tiendas y mercados como así también a los trabajadores informales que realizan tareas en la construcción.

Solo la delegación local de la UOCRA registra 250 desocupados que hace tiempo esperan los compromisos de obra pública y la reactivación del sector petrolero sin avizorar un salida favorable, menos ahora que fue de público conocimiento que la tan anunciada obra de Chihuidos está cada vez mas lejos de conseguir financiación.
El sector petrolero recibió 1700 telegramas a los cuales se sumarán más en los próximos días y de seguro rondará en 5000 los alcanzados por la decisión de YPF. A esta lista se le debe agregar la cantidad de “retiros voluntarios” y jubilaciones casi obligadas que ascienden a los 2000 en el último año y medio.

Los memoriosos advierten, "esto ya paso en los ´90 previo a la privatización (de YPF) y no queremos revivirlo”.


(*) Guillermo Avalos es  Profesor de enseñanza Técnica, Dirige la CTA regional Este (Rincón de los Sauces, Añelo, Chañar) de Neuquen, Secretario General de ATEN Rincón de los Sauces.

El cumplimiento de un año de gobierno lleva a la evaluación. Estoy de acuerdo con la alta nota otorgada por Macri a su propio gobierno. La misma se fundamenta en que están en el camino de lo que desean hacer, afianzando una significativa transferencia de ingresos hacia las clases más altas, en detrimento de los sectores más débiles.

Por Carlos Heller (Diputado Nacional - Partido Solidario)

Esa transferencia tiene no sólo altos costos en términos de actividad económica (baja de la demanda, elevados niveles de subutilización de la capacidad instalada, caída de la producción), sino que además deriva en fuertes costos sociales (pobreza, desempleo).
Creo que las políticas implementadas por el gobierno macrista pueden identificarse como un “regreso al pasado neoliberal”, vinculado con cinco ejes:

1. La ya mencionada regresiva transferencia de ingresos, caracterizada por la eliminación de retenciones agrícolas y mineras (y la reducción a los productos sojeros), el alza de tarifas para incrementar la renta en dólares de las empresas energéticas, un blanqueo de capitales que no exige ingresar las divisas al país y eliminaciones de tributos progresivos, entre otras transferencias.

2. Las continuas alusiones del gobierno y grandes empresarios al “fomento de la productividad”, que no encierran otra cosa que la flexibilización laboral y la baja de los costos laborales, a favor de una mayor rentabilidad empresaria.

3. La defensa del Estado subsidiario. Macri lo definió con varias metáforas: como “el canchero”, es decir, el que prepara la cancha de fútbol, y como “el facilitador” de las inversiones y la productividad que rechaza intervenir en los mercados.

4. La apertura de importaciones y liberalización de operaciones cambiarias con los negativos impactos sobre la producción y el financiamiento internos.

5. La puerta giratoria del endeudamiento: los dólares ingresados por nueva y abundante deuda pública se van del sistema vía la conocida fuga de capitales.

Para justificar la situación tan negativa de la economía, aparece entonces el relato de la “herencia recibida” necesario para que el gobierno intente sostener el ajuste que impuso. “Crisis terminal”, “colapso de la actividad”, “hundimiento de los salarios reales”, todos inventos “de lo que hubiera pasado” para demonizar la gestión anterior, que dejó un Estado con baja deuda externa, salarios con elevado poder adquisitivo, alto nivel de empleo, todas variables que en esta gestión se deterioraron. Enfrentar este relato es una verdadera batalla cultural.

El secretario de Formación del partido Unión por la Libertad, Yamil Santoro, opinó para Télam sobre las lecciones que dejó el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos.

Por Yamil Santoro (*)

Trump triunfó contra la mayoría de los pronósticos. Ahora que ya pasó una semana, creo que podemos dejar un poco las pasiones de lado y preguntarnos: ¿Qué podemos aprender del Triunfo de Trump?

1. El establishment político tiene menos control. La política tradicional está en crisis. Los ciudadanos esperan que los candidatos hablen sobre cosas reales, cotidianas, que atiendan a sus problemas, miedos e inseguridades. Trump logró hacerlo a pesar del sabotaje de los medios de comunicación que optaron por negarlo y, en muchos casos, distorsionarlo. Logró posicionarse como un candidato por fuera de las estructuras del poder tradicional y logró capitalizar el descontento ciudadano contra el sistema político; nutriéndose, de alguna forma, del caudal de votos natural del Partido Libertario. Se está debilitando la autoridad de los comunicadores y la comunicación directa está ganando fuerza.

2. El componente populista se abre juego. El discurso de Trump posee características que pueden caracterizarse bajo rasgos populistas y eso genera algunas inquietudes. Confío en que el sistema institucional norteamericano, donde prevalecen las instituciones por sobre las personalidades, servirá de muro de contención a cualquier exceso que este intente cometer. Pero, más allá de los anticuerpos institucionales me parece importante destacar lo expuestos que estamos a candidatos que busquen interpelar de manera directa a los miedos y pasiones. Hoy estamos más expuestos que nunca a una forma de hacer política basada en consignas y que apele a la emotividad por sobre la política con ideas o propuestas concretas. Es posible que veamos campañas cada vez más segmentadas, montadas en la lógica de consolidar clusters electorales en lugar de pensar propuestas de gobierno macro o transversales. Es un riesgo que puede llevarnos a que "francotiradores" logren escalar interpelando a sectores puntuales en detrimento de programas más generales y mejor desarrollados.

3. La globalización genera oportunidades y amenazas electorales. El proceso de crecimiento acelerado de ciertas economías -especialmente las asiáticas- sustentado en un capitalismo con escasos derechos laborales y democráticos ha puesto al resto del Mundo en vilo. Occidente enfrenta un gran desafío en relación a la posibilidad de mantener la estabilidad interna y los niveles de bienestar a partir de cambios radicales en el mercado laboral. Por un lado hoy existe un nivel de tecnificación tal que nos permitiría sustituir grandes cantidades de empleo por maquinaria y, por el otro, existen países con salarios muy bajos contra los cuales países con economías capitalistas y democracias consolidadas no pueden competir. Esto genera una doble amenaza a los puestos de empleo, especialmente en al segmento menos calificado. El triunfo de Trump, que más de una vez se ha expresado a favor de medidas proteccionistas, es también consecuencia del miedo de la ciudadanía americana ante este escenario mundial. Si bien uno podría argumentar que esta realidad internacional nos ofrece la posibilidad de mejorar el salario real de manera significativa importando productos más baratos, a su vez amenazar los métodos de organización, producción y subsistencia de varias comunidades. En ese marco, tenemos el desafío de anticipar los conflictos que estas nuevas realidades pueden generar y pensar esquemas de transición que nos permitan aprovechar las oportunidades sin que logre prosperar el miedo o nos veremos pronto ante el riesgo de que caigamos en la tentación populista y/o nacionalista. Entiendo que Trump es, en parte, reflejo de este miedo. A nivel local, creo que el Gobierno de Mauricio Macri está haciendo lo propio para lograr llevarnos por esta transición buscando aumentar la productividad para ganar competitividad. Quien no logre surfear esta nueva ola bien puede caer en manos de expresiones extremistas o ante los voceros del pensamiento mágico.

4. El futuro es incierto. La victoria de Trump nos demuestra que muchas veces las estimaciones que se dan a conocer se realizan con información insuficiente o sesgada. En materia social no se pueden ofrecer predicciones ciento por ciento certeras sobre el futuro. En el mejor de los casos podemos analizar tendencias o esquemas de incentivos. Inevitablemente basamos estas estimaciones en comportamientos observados en el pasado. Siempre está la tentación de pensar que sabemos más sobre el futuro de lo que realmente podemos predecir. Es fácil ser seducido por quien nos vende certezas para tapar incertidumbres, pero tenemos que ser prudentes. Esta fatal arrogancia de pensar que podemos dominar con nuestros modelos e ideas al futuro cuesta más caro que lo que uno puede imaginar. Por ejemplo, los gobiernos autoritarios tienden a basarse en la convicción de algunos burócratas pueden tomar mejores decisiones que millones de personas para organizar sus vidas o la economía. El Futuro nos demanda prudencia a la hora de pensarlo y tratarlo.
Son algunas reflexiones que espero ayuden a orientar nuestra manera de encarar los desafíos que tenemos por delante para que Argentina logre aprovechar las ventajas que ofrece el Siglo XXI. El Cambio se sostiene con previsión y prudencia pero también con un toque de osadía.

(*) Abogado. Secretario de Formación del partido Unión por la Libertad.

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