16 DE DICIEMBRE DE 2017 |

Chupame Un Rollo!

Jueves, 27 Abril 2017 00:48
24 abril, 2017 - A mis 33 años me di cuenta que ya no podía seguir peleando con mi imagen reflejada en el espejo. Que no entro dentro del estereotipo, que no soy talla S, ni siquiera soy M. Que ya no puedo seguir odiándome, escondiéndome, enojándome por no ser lo que se supone que sea: flaca, sin celulitis, sin pelos, ni una mísera estría, siempre peinada, con el maquillaje sin correr. Acepté que nací para ser real, y no perfecta. Que ser gorda está bien, que estoy sana, que puedo ser linda si me llevo mejor conmigo misma y dejé de necesitar validación externa. Empecé a querer mis cuerpo por fuera de los cánones de belleza “tradicional”.

Por Tatiana Bonetto (*)

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Siempre fui de subir y bajar fácilmente de peso, siempre pude usar la ropa de moda, encajar, gustar, no tenía que contar demasiadas calorías, perdía de peso con sólo proponérmelo un poco. Un día todo eso se terminó. Empecé a aumentar de peso, y comenzó la tortura. Hice dietas dificilísimas, llegué a estar nueve meses sin comer ni un sólo hidrato.Tenía un humor insoportable, pero había bajado de peso. Checked.

Me mudé de ciudad, empecé a tapar sentimientos con comida, cuando estaba bajando de a poco y en un proceso normal, justo entonces quedo embarazada. Me relajé. ¡Y cuánto! El embarazo es esa nube rosa que hace que de verdad nada importe. Empezaron a venir las estrías, los rollos. Nadie me dijo que con la bajada de leche me iba a querer comer personas, vacas o casas. No bajé de peso “a razón de dar pura teta”, yo subí.  Mi uniforme de gorda eran las calzas junto con remeras, camisas y blusas que me “disimularan”. Recibí comentarios de todo tipo; “con lo linda que eras”, “bueno pero no te preocupes sos joven y podés bajar.” Un día volví a mirarme al espejo y negocié. ¿Quiero ser flaca o quiero ser saludable?

Empecé en un grupo de Cormillot. Aprendí a comer. Entendí que en función de mi contextura física JAMÁS iría a ser Pampita, y me ocupé del sobre peso. Acepté. Dejé de negar y renegar. Perdí varios kilos. Catorce para ser exacta. ¿Sigo siendo gorda? Si, la tabla dice que me faltan perder exactamente siete, que entré en una curva en donde los últimos kilos que me faltan bajar son los más rebeldes y ahí me di cuenta: ser gorda es un acto de rebeldía.  La gordura es una paria social. El obeso está estigmatizado. El común cree que “cerrando la boca y aflojando a los postres”, se soluciona todo. Nadie se preocupa por tus valores de sangre, qué comes ni cada cuanto, si escuchás a tu cuerpo, si tenés en cuenta tu ciclo menstrual, nada de eso importa. Lo fundamental siempre es llegar al verano. Hay gente que se pasa la vida tratando de llegar al verano. Si enero me encuentra en este abril, me verá usando bikinis con estampados espectaculares, portando estrías y celulitis que me recuerdan la madre que soy, con tetas un tanto flojas pero que alimentaron un año y ocho meses a mi hija, con una actitud desenfadada y un  me chupa un rollo que opines de mi porque yo sé quién soy . Sé que no soy uniforme, sé que puedo comer saludablemente y cada tres horas, sé que me encanta tomar una que otra cerveza entre amigos y que está bien. Es verdad, mi cuerpo volvió a cambiar, “qué linda que estás”.  ¡Cambió mi percepción de belleza!  Las gordas también somos lindas, somos personas, no somos perfectas y en un mundo small, definitivamente somos subversivas.

Ser gorda, es desentonar. ¡Diferenciate con ganas! Yo ya me cansé de no quererme, no valorarme ya no es una opción. Aceptarme fue un proceso.  Ya no busco halagos ni miradas de aprobación, busco ser libre. Libre de estereotipos, libre de la dictadura de la balanza en 50 kilos.  La vida no se termina si no entrás en un talle de Zara.  ¿Qué cambió además de mi percepción de belleza? Mi actitud. Milito estampados de todo tipo, ya no voy vestida solo de negro, uso ropa ajustada, celebro mis curvas, y de alguna manera esa confianza en mi misma hizo verme a ojos de los demás “más linda”. Lo que verdaderamente me motivó a aceptarme fue tener la responsabilidad de criar a una nena. Estoy batallando con un sin fin de conceptos milenarios, “las nenas calladitas son las más lindas” “qué princesa más hermosa” y miles de etcéteras. No sé si voy a lograr que Luz se ame a si misma tanto como para no dejar que el resto dictamine cómo debe lucir, pero al menos lo voy a intentar. Criar seres humanos seguros de sí mismos y que se quieran pesen lo que pesen es uno de mis objetivos. El día de mañana quiero mirar a mi hija y decirle que ser diferente, es ser hermosa. No quiero ser esa madre que le dice a su hija que si es gorda nadie la va a querer, no quiero criar a una mujer que se sienta avergonzada del cuerpo que tiene, ni que recuerde que le prometí algo si lograba bajar de peso. ¿Eso es un premio? ¡Vaya forma de romperle la psiquis a uno! Cuando mi hija crezca en el colegio no le van a enseñar a quererse, aceptarse y respetarse tal cuál es. A lo sumo le dirán que el bulling está mal y ya.  La agenda de los medios de comunicación suele girar en torno a lo flaca o gorda que luce una celebridad. Por lo general, por no decir SIEMPRE, se trata de una mujer. Este fenómeno tiene un nombre: body shaming, así se le llama a la actitud de hacer comentarios despectivos y humillantes respecto de cómo luce el cuerpo de una persona. Ni siquiera Lady Gaga está libre de ello. En medio de la espectacular performance que realizó en el SuperBowl 2017,  fue noticia por su supuesta gordura.  Afortunadamente la madre de todos los monstruos camina con la frente en alto y simplemente respondió que nadie debería avergonzarse por su cuerpo.  ¡Pero no todo está perdido! La tapa de la revista Harpers Bazar Argentina, en su número de diciembre puso en la portada a una mujer con un estilazo impresionante y que definitivamente rompe con todos los cánones de belleza: la actriz, comediante y conductora radial Bimbo Godoy.  Al respecto de la decisión editorial, Claudia Pasquini su editora general proclamó que la tapa se había transformado en noticia por haber roto con el paradigma de belleza de modelo flaca-fideo.  Palabras textuales de la editora general  quien dijo que no había sido fácil la apuesta, pero que el lema de la revista era apostar a la belleza diversa. ¡Alguien se animó! El hito fue celebrado por actrices, periodistas y colectivos feministas.  Any Body Argentina  es una ONG cuyo propósito es la lucha contra el odio corporal y generar conciencia a través de la realización de diversas campañas. Sin ir más lejos, el 5 de abril en conjunto con la Diputada Nacional Victoria Donda bajo el lema #ElTalleUnicoNoEsElUnicoTalle, presentaron un  proyecto nacional de talles  para que las marcas incluyan un rango mínimo de ocho talles a fin de garantizar la diversidad. ¿Sabías que 7 de cada 10 argentinos les cuesta encontrar ropa que se adapte a su cuerpo? ¡ Esto arrojaron los resultados de la encuesta nacional de talles ! Otra acción destacada fue la del #Modelometro en el marco del festival Lollapalooza en San Isidro, así mediante una una instalación interactiva que representa las proporciones “ideales” de una mujer modelo sirvió para demostrar las diferencia entre los cuerpos diversos en la vida real y este ideal actual impuesto a las mujeres por la sociedad — un ideal que es alcanzable por solo menos que el 5% de la población femenina. La idea era mostrar que los argentin@s venimos ¡en todos los talles!

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Podemos decir que lentamente lo esbelto como patrón exclusivo de belleza, va cambiando. ¿Será que la delgadez va perdiendo su reinado? Prefiero pensar que está ganando la diversidad. El nivel de popularidad y aceptación de famosas XL nos demuestra que la pluralidad comienza a ser un factor más al momento de hablar de moda. Celebrities como Adele, Amy Schummer, Melissa McCarthy, Olivia Spencer, Ashley Graham, Rebel Wilson, por sólo mencionar algunas… Sofía Vergara, Kim Kardashian, Christina Hendricks son denominadas chicas curvy por la sinuosidad de sus curvas. ¿Y las marcas? ¿Cuál es su reacción? ¿Qué hace la industria de la moda al respecto?  ¿Alguien dijo que el código de vestimenta para las que tenemos rollos sólo consiste en andar de negro y con ropa suelta? ¡Esos días quedaron atrás! Las propuestas internacionales bajo el lema de “curvy” contemplan la diversidad de talles. La idea es promover el #bodypositivity. Algunos ejemplos son  Nike con talles hasta 3XL rindiendo culto a “los cuerpos de verdad”.  Amamos la nueva línea de  H&M plus size , y también a la siempre juvenil y canchera For Ever 21, en dónde la marca va más allá creando un canal exclusivamente para promocionar y mostrar su  linea XL en instagram Las marcas van más allá de la pluralidad de talles, buscan desde la gráfica “mostrar” que ser gorda ya no es un tabú y algunas hasta decidieron no retocar mediante la utilización de photoshop a sus modelos. Si vamos a hacer talles para todas seamos verdaderamente inclusivos y no eliminemos lo que hace que un cuerpo sea diverso. ¿Resultado? ¡Mostrar la celulitis! Algo totalmente impensado en la década de los 90′ en donde la regla eran los cuerpos californianos al estilo 90–60–90 o mediados del 2000 en donde cuerpos andróginos, chicas mega flacas y ojerosas ocupaban las portadas.  Eloquii  pateó el tablero cuando dejó de diseñar mallas negras y enterizas con cortes de señora y se animó a más creando  trajes con estampas de en sueño  que destacan la figura, ratificando la decisión de no borrar la piel de naranja en la gráfica.

En nuestro país la top model XL más reconocida se llama Brenda Mato, además tener rollos posee actitud y un estilazo con sello propio, ella es militante de la aceptación del cuerpo y es la cara de marcas que se atreven a hacer ropa para todas. La empecé a seguir por Instagram y gracias a ella descubrí un universo plus size que me representa, que tiene que ver conmigo, con una mujer diversa.

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Me cansé de los comentarios con respecto a mi físico, como si hablar de cuánto pesa una persona fuera un indicador de salubridad. Hay un tema con la gordura que casi nadie contempla, la obesidad es una enfermedad, existe una asociación directa con sobre peso y la estigma de que el obeso es lento, morfón, vago y perezoso. Solamente al que es gordo se le enrostra en la cara una enfermedad. Nos preguntemos sinceramente si nos referimos de la misma forma a una persona que tiene cáncer, Alzheimer, diabetes, parálisis cerebral ¿hablamos igual de quién necesita un órgano para seguir viviendo? No. Esas dolencias tienen buena prensa. Ninguna de las personas que sufra dichos trastornos de salud va a ser objeto de burla. Ser gordo, a diferencia de las demás enfermedades, sí es un insulto.

No importa si bajé de peso, siempre voy a tener una relación complicada con la comida. Forma parte de mi metabolismo, de mi genética. Hoy sané, hoy si me dicen gorda no me siento disminuida ni mucho menos insultada. Muchas veces, en contadas ocasiones se me hizo sentir como si tuviera que pedir perdón por estar excedida de peso. ¿A quién más que a mí debería importarle qué talle soy? ¿Porqué nadie me pregunta por la calidad de los alimentos que ingiero, por los nuevos hábitos alimenticios, por todo lo que hago para que mi metabolismo funcione, cómo me dieron los estudios médicos? Simple. Porque verdaderamente lo único que interesa es remarcar que mi aspecto o el de otra persona gorda no va en la línea de la uniformidad como norma. Nadie reconoce la relación tóxica que podemos tener con la comida, de qué manera podemos tapar sentimientos mediante la ingesta de alimentos. El primer día que entré a Cormillot, me preguntaron cuál era mi objetivo y sin dudar respondí  “controlar la relación que tengo con la comida. No agitarme al moverme. Llegar a un peso saludable aunque no coincida con el peso estéticamente aceptable.”  Todos estos meses y todo el trabajo realizado hasta hoy y que continuará se trata justamente de eso. De aceptar. Soy gorda aunque haya bajado de peso. Sigo siéndolo aunque mi relación con la comida esté medianamente controlada.

Basta de gordofobia. Dejemos de hacer noticiables acontecimientos como la celulitis de Julia Roberts y que se dejara fotografiar “imperfecta”, que Charlie Howard haya sido discriminada en el mundo de la moda por tener talla grande y que sea a partir de esa experiencia lo que la llevó a militar un cuerpo real, aceptando sus estrías y celulitis  “no hay nada de qué avergonzarse, llevo una vida sana, hago ejercicio y aún así tengo celulitis. ¡Que se jodan! Crecí y me hice mayor y entendí que eso forma parte de la normalidad de los cuerpos de las mujeres.”  Desde entonces milita por un cuerpo real en los medios y en la industria de la moda.  No hay dos bandos, no es gordos versus flacos. Al momento de hablar de bodys haming no faltan quienes atacan a modelos o celebridades por estar muy flacas, ¿cuántas veces miraste una foto de una modelo hiper delgada y la mandaste a comer un pancho? Celebridades locales como Agustina Cherry, Calú Rivero, Natalia Oreiro, Brenda Asnicar entre otras, fueron cuestionadas por su imagen poco saludable, ¿el titular de los medios? “preocupación por su extrema delgadez”.  Todos recordamos la tapa de Angelina Jolie cuando fue internada por pesar 35 kilos.  La realidad es que, a los medios no les importa cuando una persona es demasiado flaca, y muy por el contrario, ama “escrachar” a una cuando está relajada, muestra rollos o celulitis. En sus tapas y titulares se habla sin pudor de cuanto subió o bajó tal o cuál y “cómo hizo”. No sean hipócritas amparándose en la excusa de la salud, sabemos que no les importa.

Anorexia, bulimia, obesidad, son todas enfermedades y trastornos alimentarios. En todas lo que no funciona es la relación con la comida y la percepción que tenemos de nuestro cuerpo. Todas las fotos y todas las tapas de quienes han sido juzgadas por gordas o flacas son… ¡MUJERES!

Existe en el imaginario popular una concepción de gordibuena que es un espanto. La gorda es chistosa (las actrices de comedia son las gordas grotescas a menudo haciendo roles ridículos).  En el imaginario social, la chica gordita es fácil, es calentona, es gaucha, se presta para cualquier cosa y está al servicio del otro porque es insegura. Hombres y mujeres somos gordos, pero la gordura en un sistema machista ataca exclusivamente a las mujeres, porque las que fueron hechas para agradar, seducir y gustar somos nosotras.

El mundo nos dice que los gordos no somos personas, somos lisa y llanamente gordos. ¿Saben qué? Tienen razón. Tenemos kilos de más, y sabemos que podemos perderlos, que nos puede costar o no, que nos preocupa o no, pero le peguemos la vuelta a este asunto. Seamos nosotras las encargadas de sacarnos la culpa y abrazar esas curvas sinuosas que nos devuelve el espejo. Nadie va a querernos ni empoderarnos sino lo hacemos nosotras primero, empecemos por alentarnos, mostrar nuestra piel, usar ropa que nos siente, colores y estampados todos los cortes son válidos. Hagamos un bollito con todas esas notas que nos dan consejos y nos ayudan a disimular nuestra panza, culo o caderas y nos las perdamos en alguno de los pliegues de nuestro cuerpo, apreciemos la belleza más allá del talle. ¡Cambiemos el foco! Mueva la carnaza mamasa, don’t hate the shake. ¡Sacudite del negro, baila sin verguenza, dejá de sacarte fotos en primeros planos y decile al mundo que ésta sos vos!

Ah, y cada vez que alguien te insulte, menosprecie, desvalorice, te critique o simplemente te pregunte ¿en cuánto peso estás? ¿en serio te vas a poner eso? ya sabés… ¡Que te chupe un rollo!

(*) Feminista, Publicista, Social Media

Fuente: Diario Digital Femenino
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